En el Jordán, doce piedras fueron retiradas del lecho del río y levantadas en la otra orilla. No eran adorno: eran memorial. Cuando los hijos preguntaran qué significaba aquello, las piedras responderían por lo que Dios había hecho.
Piedras que Hablan reúne este testimonio y lo asienta como fundamento seguro —Cristo, la piedra angular— para esta y para las próximas generaciones. Es la misma dirección de la predicación de 2026: lo que dolió no permanece como herida abierta, se convierte en cimiento.